Saltar al contenido

La ciudad de los gatos

La Mardrag y la isla de los Colbrids

Prólogo

      Cuando estábamos a punto de descubrir qué le sucedía a Selín, el mantel de la mesa comenzó a moverse y Eyra se detuvo.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒ¬°Por el amor de los dioses! ¬°¬ŅC√≥mo se te ocurre parar en el mejor momento?! ‚ÄĒrefunfu√Ī√≥ Mirdian agitando las alas.

¬† ¬† ¬† Lo hizo tan bruscamente que las ara√Īas que ten√≠a por encima salieron despedidas en todas direcciones. Mientras los pobres ar√°cnidos trataban de regresar a la ba√Īera, el mantel volvi√≥ a deslizarse. Sin embargo, en esta ocasi√≥n, todos pudimos ver que ninguno de nosotros lo hab√≠a tocado. Intrigados por el misterio, los cinco nos agachamos a la vez y descubrimos al responsable junto a la silla de Nialdry, dando saltitos para intentar volver a atrapar un hilo que colgaba del borde de la tela.

      Se trataba de una adorable criatura, no más grande que la palma de mi mano, de pelaje blanco y suave, con un precioso lazo de terciopelo naranja alrededor del cuello. Pese a que tenía el pico y las patas traseras de pato, las delanteras tenían deditos palmeados. No obstante, lo que más me llamó la atención fueron los singulares cuernos que poseía; no levantaban ni medio centímetro de su cabeza y de cada asta florecía un suculento ramillete de palomitas. Tenían tan buena pinta que, de no haberlas visto pegadas a su cabeza, de seguro habría tratado de coger alguna para probarla.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒ¬ŅQu√© es eso? ‚ÄĒpregunt√© incapaz de quitarle los ojos de encima.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒ¬°Por los bigotes de mi t√≠a abuela! ¬°No me lo puedo creer! ‚ÄĒexclam√≥ Nialdry agazap√°ndose sobre su asiento para verlo m√°s de cerca‚ÄĒ. ¬°Es un Sprunfi!

      Incapaz de contener su emoción, la joven Mainrog estiró la pata y lo cogió por el lomo. Frustrado por el inesperado agarre, el Sprunfi se cruzó de brazos y profirió una especie de graznido. Enternecida por la encantadora protesta, Nialdry se puso a ronronear sin darse cuenta.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒ¬°Ohhh, es tan mono! ‚ÄĒmurmur√≥ con las pupilas a√ļn m√°s dilatadas, acerc√°ndolo a su rostro‚ÄĒ. Yo siempre quise tener uno ‚ÄĒconfes√≥ con cierta tristeza mientras acariciaba su cabecita para que se le pasara el berrinche‚ÄĒ, pero mi t√≠a abuela nunca me dej√≥. Tem√≠a que, al tratarse de criaturas tan curiosas y escurridizas, se escapara de la pasteler√≠a y alg√ļn vecino acabara convirti√©ndolo en su almuerzo‚Ķ

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒRaz√≥n no le faltaba ‚ÄĒse√Īal√≥ Eyra medio sonriendo, dejando el libro sobre la mesa‚ÄĒ. Este, sin ir m√°s lejos, no solo ha logrado escapar del cuarto de la se√Īora Gl√≠ria, sorteando sus poderosos sortilegios, sino que adem√°s ha conseguido llegar hasta aqu√≠ sin perderse.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒCreo que eso es, en gran parte, culpa de mis postres‚Ķ ‚ÄĒmurmur√≥ Nialdry algo apurada.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒNo entiendo nada‚Ķ

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒVer√©is ‚ÄĒcomenz√≥ Eyra al ver mi cara de desconcierto‚ÄĒ, los Sprunfis son criaturas tremendamente glotonas, as√≠ que, al percibir el dulce aroma de nuestra merienda, no ha podido resistirse y ha seguido su rastro hasta aqu√≠.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒAh, ya comprendo‚Ķ

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒPero su fino olfato dista mucho de ser su mejor talento. ¬°Mirad! ‚ÄĒa√Īadi√≥ Nialdry euf√≥rica estirando la pata para coger uno de los peces de hojaldre.

      Sin embargo, cuando estaba a punto de agarrarlo por la cola, Mirdian la detuvo.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒSi vas a hacer lo que creo que vas a hacer, m√°s te vale que uses esto ‚ÄĒle advirti√≥ ense√Ī√°ndole uno de los azucarillos en forma de ara√Īa.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒPero yo‚Ķ

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒNo hay peros que valgan ‚ÄĒla interrumpi√≥‚ÄĒ. Es lo menos que puedes hacer despu√©s de hacerme sangrar los o√≠dos, ¬Ņno crees?

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒPe‚Ķ pe‚Ķ ‚ÄĒtartamude√≥ sumamente nerviosa, mir√°ndonos de reojo.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒSi me das ese gusto, dar√© por saldada tu deuda conmigo ‚ÄĒindic√≥ con tono m√°s amable dibujando una sonrisa‚ÄĒ. Si no ‚ÄĒa√Īadi√≥ al ver que segu√≠a dudando‚ÄĒ, atente a las consecuencias‚Ķ

      Temerosa de volver a ser convertida en babosa o en algo incluso peor, agarró a toda prisa el dorsan y se lo puso al Sprunfi entre las patitas. En cuanto vio el peculiar dulce, borró de un plumazo su enfado y lo estrechó entre sus brazos como si acabara de reencontrarse con el amor de su vida. Entonces, tras relamerse el pico, empezó a comérselo.

¬† ¬† ¬† A√ļn segu√≠a intentando comprender los motivos que hab√≠an empujado a Mirdian a insistir de aquella manera cuando, en un abrir y cerrar de ojos, el pelaje y las palomitas del Sprunfi se volvieron beige y empezaron a salirle cristalitos de az√ļcar por los cuernos.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒPero ¬Ņc√≥mo‚Ķ? ‚ÄĒbalbuce√© impresionada por la radical transformaci√≥n.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒCuando los Sprunfis comen algo, sus palomitas adquieren su sabor y sus cuerpos se transforman para reflejar las caracter√≠sticas y cualidades de dicho alimento. Despu√©s, tras una semana aliment√°ndose solo con ello, sus cuernos comienzan a producir kilos y kilos de palomitas hasta recuperar su aspecto original ‚ÄĒexplic√≥ Nialdry agitando sus propias orejas.

¬† ¬† ¬† Aunque no sab√≠a qu√© me hab√≠a impactado m√°s, si lo que acababa de presenciar o lo que suceder√≠a pasados esos siete d√≠as, me mor√≠a de ganas de ver como aquel ser tan peque√Īo produc√≠a semejante cantidad de palomitas. Adem√°s, para qu√© nos √≠bamos a enga√Īar, ard√≠a en deseos de hincarles el diente.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒBien hecho, bigotitos ‚ÄĒla felicit√≥ Mirdian volviendo a reclinarse sobre el respaldo de la ba√Īera con una inquietante sonrisa de satisfacci√≥n en el pico‚ÄĒ. Ahora, prosigamos cuanto antes con el cuento ‚ÄĒse√Īal√≥ frot√°ndose las alas con impaciencia.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒ¬ŅA qu√© viene tanta prisa? ‚ÄĒpregunt√≥ Eyra alzando una ceja‚ÄĒ. Si no recuerdo mal, te sabes la historia casi de memoria.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒS√≠, as√≠ es. Mi privilegiado cerebrito tiene una retentiva envidiable ‚ÄĒse jact√≥ hinchando el buche‚ÄĒ, pero ya sabes que odio dejar algo a medias ‚ÄĒpuntualiz√≥ engullendo otro bizcocho‚ÄĒ. As√≠ que, si no te importa, contin√ļa.

      Zarandeando la cabeza hacia los lados con resignación, Eyra volvió a coger el libro y buscó la página en la que se había quedado.

¬† ¬† ¬† ‚ÄĒBien, como iba diciendo ‚ÄĒmurmur√≥ bajando el tono de su voz para ambientar la escena‚ÄĒ: ¬ęFuriosa, la Mardrag casta√Īe√≥ sus infectos dientes y profiri√≥ un espeluznante silbido que reson√≥ por toda la estancia ‚ÄĒrepiti√≥ recorriendo con la mirada nuestros rostros‚ÄĒ. Entonces, abri√≥ sus fauces y‚Ķ¬Ľ.

Comprar libro tienda de ZoriaAmazonVolver