La Flirzia
Primera parte
DĂa 2 en la biblioteca, año 1345 del periodo NurgĂ«n
   —Una vez aclarado todo, tal vez queráis saber más sobre la flor que sostenéis entre vuestras manos —sugirió con cierto misterio alzando ligeramente una de sus cejas.
   —¡Por supuesto! —respondà inmediatamente volviendo a clavar mis ojos sobre la Flirzia.
   —Adelante, preguntad cuanto deseéis —me incitó, dejando la taza sobre la mesa para acomodarse sobre el respaldo de la butaca.
   —La verdad es que tengo muchas preguntas… —murmurĂ© con cierta timidez al ver que yo habĂa captado toda su atenciĂłn—, pero supongo que lo que más me intriga es saber quĂ© hacĂa una detrás del sillĂłn —dije recordando el extraño lugar donde GlĂria la habĂa encontrado.
   —Ja, ja, pensĂ© que empezarĂais con una pregunta más difĂcil, pero veo que me equivocaba —manifestĂł sorprendida—. Esa flor la coloquĂ© yo misma cuando os traje al comedor —confesó—. Como seguro que pudisteis comprobar al entrar en la sala de hielo, la dulce melodĂa que producen sus pĂ©talos es un bálsamo para el cuerpo y el alma. De modo que dejĂ© una junto a vos para que os ayudara a recuperaros —explicĂł haciĂ©ndome recordar la primera vez que oĂ su hermosa canciĂłn.
   —¿Y dónde puedo encontrarlas? ¿Crecen cerca de la biblioteca? —pregunté, ansiosa por hacerme con una para mi cuarto.
   —Lo cierto es que la Flirzia es la flor del reino y solamente crece aquĂ, en el corazĂłn de la ciudad —contestĂł mirando hacia las casas a travĂ©s de uno de los ventanales que habĂa a nuestro lado.
   —Es igual que la que lleváis siempre con vos, ¿no es cierto? —dije fijándome en el tocado con la pluma que llevaba sobre su cabeza.
   —Efectivamente, aunque me temo que esta es ligeramente diferente a las demás —puntualizó con cierta emoción mirándome de nuevo.
   —¿Por qué? —pregunté sumamente intrigada.
   —Porque, aunque en apariencia pudiera parecer idéntica a la que ahà tenéis—dijo quitándose la suya—, como podréis ver, esta tiene engarzado un aro de plata para sujetarse a mi oreja —me explicó mientras me mostraba la parte trasera del tocado— y no se marchitará jamás —señaló, volviendo a colocarse la flor sobre la cabeza.
   —Eso significa que es… inmortal —murmurĂ© fascinada, tratando de contener la emociĂłn que me producĂa saber que poseĂa aquella rara cualidad—. Pero Âżpor quĂ© solo esa?
   —Fue un obsequio de alguien muy especial… —contestó con nostalgia mirando la Flirzia—. Recogà su historia en uno de mis cuentos y, como agradecimiento, creó para mà este maravilloso tocado para que siempre pudiera llevar conmigo mi pluma —relató sonriente recordando ese momento.
   Al descubrir que habĂa un cuento tras aquella anĂ©cdota, empecĂ© a sentir mariposas en el estĂłmago y estrechĂ© con fuerza el tallo de la flor entre mis dedos.
   —Ya sĂ© que es tarde, pero ÂżpodrĂais contarme su historia ahora? —preguntĂ© ansiosa por escucharlo.
   Como si acabara de pronunciar alguna clase de hechizo, Eyra se sonriĂł y chasqueĂł los dedos. De repente, la Flirzia que yo sujetaba se apartĂł de mis manos y alzándose sobre la pata de Eyra, le empezaron a brotar raĂces del tallo.
   Rápidamente y como si siguieran un extraño patrón, estas se entrelazaron unas con otras y, en un abrir y cerrar de ojos, crearon sobre la palma de la guardiana un frondoso libro cubierto por toda clase de plantas, flores y semillas.
   En cuanto el tomo estuvo terminado, la Flirzia se iluminó y se quedó flotando por encima de nuestras cabezas armonizando la inesperada velada con su bello canto.
   —¿Estáis preparados? —nos preguntó Eyra, mirándonos uno por uno.
   GlĂria, que parecĂa estar, incluso, más emocionada que yo, asintiĂł repetidas veces y liberĂł a Drip. GolpeĂł su bastĂłn una vez en el suelo y transformándose en un mullido plumero, se sentĂł sobre sus afelpadas plumas para disfrutar del cuento.
   —¡Por supuesto! —contestĂ© ansiosa observando cĂłmo se estremecĂan las plantas de la cubierta ante la presencia de Eyra.
   —Pues allá vamos —anunció, rompiendo el sello del libro—. Este cuento narra el origen de las Flirzias, asà que prestad mucha atención. Érase una vez…

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