Sobre Sicerd
¿Quién es?
Sicerd es la diosa del bosque que aparece en el cuento de «La duquesa y la Flirzia». Aunque tiene la apariencia de una hermosa joven, tiene más de mil años. Mide casi 1,75 m, es de complexión delgada y tiene una cicatriz fina y ovalada sobre el pecho. Su cabello, que en realidad está formado por cientos de flores, hojas y tallos, es frondoso y de un inquietante color violeta muy oscuro. Su piel, suave y cubierta de zarzas negras llenas de espinas, tiene el mismo tono que su pelo, aunque es muchÃsimo más claro. Sus ojos, de un morado muy brillante e intenso, parecen capaces de cautivar a cualquiera que ose mirarlos y sus labios, carnosos, tienen una tonalidad ceniza acorde con el resto de su cuerpo.
Pese a que es una joven bastante reservada y en apariencia tranquila, tiene una mente muy perspicaz capaz de percatarse de hasta el más mÃnimo detalle de todo lo que la rodea. Tal vez sea por dicha extraordinaria cualidad que suele quedarse observando a las personas en silencio durante más del tiempo del habitual, logrando incomodar hasta la mente más inmutable (de hecho, Rorlin fue «vÃctima» de dicho honor).
Sicerd no vive en la biblioteca de Zoria, pero suele pasar bastante tiempo en ella (al parecer siente casi tanta pasión por los libros como por sus plantas). Sobre todo, cuando tiene la oportunidad de conocer nuevos miembros.
Sobre su personalidad, como ya se ha dicho, es una joven bastante reservada. No obstante, no se censura de forma alguna cuando pretende exponer sus ideas o pensamientos. De hecho, suele ser muy directa hablando, sobre todo cuando algo o alguien le causa curiosidad o es de su interés.
No siempre tuvo ese carácter tan sombrÃo e inquietante, pero desde lo acontecido en «La duquesa y la Flirzia», la Sicerd que todos conocÃan murió para convertirse en la joven que es ahora. Algunos piensan que fue una gran pérdida (y en parte podrÃa ser cierto, ya que se encerró en sà misma y empezó a mostrarse más frÃa y distante que antes), pero de aquellos horribles hechos, Sicerd abrió los ojos al mundo de los humanos y resurgió más fortalecida que nunca («Las flores que surgen de las cenizas suelen ser las más hermosas»).
Aunque ahora es más desconfiada y distante que en el pasado, una vez que se entabla amistad con ella, sigue mostrando esa dulzura y generosidad por la que fue conocida. Es cierto que no es tarea fácil llegar hasta corazón, pero una vez se logra sortear los muros que construyó para protegerse, la recompensa no tiene precio.
Nunca fue una joven vengativa y mucho menos violenta, pero desde lo que sucedió, su férrea lucha por la justicia le ha hecho acudir a métodos y poderes un tanto oscuros (tal vez por eso se sienta tan identificada con Rorlin). No es que sea una justiciera en constante búsqueda de venganza, pero cuando alguna atrocidad se cruza en su camino, no desiste hasta castigar a los responsables. (Creedme cuando os digo que no os gustarÃa enfrentaros a ella. El menor de vuestros problemas serÃa perder la vida…)
Pese a que le gusta la soledad y pasar horas y horas en el bosque, también encuentra realmente agradable e interesante una buena conversación aderezada con un delicioso té negro (sobre todo si lo prepara la señora GlÃria).
Su pasión son las plantas y su vida gira en torno a ellas (de hecho, pasa gran parte de su tiempo creando nuevos especÃmenes y recreando otros que han desaparecido o son difÃciles de encontrar), pero siente auténtica curiosidad por los habitantes de la biblioteca. Allà llegan toda clase de personas y criaturas, asà que aprovecha dicha circunstancia para satisfacer su insaciable apetito de conocimiento. Por su naturaleza, siente más afinidad con seres de su entorno que con los humanos (pese a su aspecto), pero encuentra tremendamente interesante su inestable carácter ya que pueden llegar a ser seres magnÃficos o auténticas aberraciones.
Aunque durante siglos no mostró interés alguno en la literatura, desde que descubrió la maravillosa biblioteca de Zoria, se convirtió en una ferviente amante de los libros. Tanto es asà que ha llegado a pasar dÃas enteros encerrada en alguna de sus salas leyendo sin descanso.

Indumentaria y accesorios
Sicerd no usa más indumentaria para cubrir ciertas zonas de su cuerpo que las propias zarzas que germinan de ella misma. Antaño fueron flores, raÃces y tallos, pero desde lo sucedido, se transformaron en oscuras zarzas llenas de espinas. Le cubren los pechos, la cadera y se deslizan sinuosamente a través de sus piernas y brazos.
En lo referente a accesorios, de momento se desconoce si posee alguno.
Sobre su pasado
Sicerd nunca ha hablado de su niñez y mucho menos de su padre, el dios de la tierra, pero parte de su historia aparece recogida en «La duquesa y la Flirzia». No se sabe gran cosa de lo que sucedió con ella después del cuento, pero acabó trasladando su jardÃn a alguno de los gélidos bosques que rodean el reino de Zoria.
Poderes
Como diosa del bosque, Sicerd es capaz de convertir la mezcla de su cabello con su sangre en cualquier planta que desee. En principio tan solo podÃa recrear aquellas que ya existiesen, pero con el tiempo logró crear nuevas especies. No obstante, parece, según lo acontecido en el comedor con Rorlin, que posee otros poderes (como el de conectar almas a través de sus zarzas).
Libros favoritos
Obviamente, su cuento favorito deberÃa ser aquel en el que aparece, pero dado su contenido y su amor por las plantas, suele tener predilección por aquellas historias donde aparecen especies raras o hablan sobre algún amigo o conocido (como los que hablan sobre su padre).
Gustos
Como ya hemos mencionado, le encanta la literatura casi tanto como crear nuevas plantas. Obviamente, si tuviera que elegir entre una flor y un libro seguramente se decantarÃa por la primera, pero siente gran respeto y cariño por la literatura recogida en los muros de la biblioteca.
Le encanta pasear por el bosque e interaccionar con sus criaturas casi tanto como charlar con Eyra y los singulares habitantes de la biblioteca.
Siente predilección por los tés negros y el zumo de Nurdi (las cuales planta, cosecha y exprime con sus propias manos en su hermoso jardÃn), asà como por los deliciosos dulces de la señora GlÃria.
También le gusta ayudar al ama de llaves con sus pociones, surtiéndole de toda clase de plantas, asà como leer en primicia los primeros manuscritos que crea Eyra de los cuentos.
ManÃas
En cuanto a sus manÃas, estas son algunas:
- Odia con cada fibra de su ser a todo aquel que dañe lo que más ama, asà que, cuando ve a alguien hiriendo cualquier planta, se enfurece y tiende a perder el control sobre si misma (el castigo suele ser horrible y desproporcionado).
- Se le encienden los ojos cuando está molesta o enfadada.
- Todas las mañanas, al amanecer, toma un baño (en algún rÃo, arroyo o lago cercano a su jardÃn) para mimar las queridas plantas que conforman su cuerpo. Cuando no puede tomarlo, se pone muy irascible y pasa el resto del dÃa de mal humor (¡Se vuelve una auténtica cascarrabias!)
- Le repugna el té o las infusiones demasiado amargas. De hecho, cuanto más dulce la bebida, mejor.
- No le avergüenza la cicatriz de su pecho, pero le molesta que alguien se quede mirándola fijamente durante demasiado tiempo.
- Adora la discreción, asà que detesta a los cotillas y a todo aquel que es incapaz de guardar un secreto. (¿Tan difÃcil es morderse la lengua?)
- Odia quedarse con la intriga.
- Aborrece las injusticias.
Miedos
Debido a su divinidad, Sicerd no se inquieta por el paso del tiempo o las enfermedades como otros seres, sin embargo, teme con horror que le suceda algo malo a su jardÃn o a quienes realmente aprecia.
Comida favorita
Aunque gran parte de su alimentación proviene de su propio jardÃn o del bosque en el que se encuentre, siente auténtica debilidad por los dulces. De hecho, según se rumorea, el té y las galletas son lo único capaz de aplacar su enfado cuando está de mal humor.